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DE LA PARÁLISIS CEREBRAL...
A LAS PERSONAS CON P.C.
Hay numerosos textos que
definen y hablan de la Parálisis Cerebral (P.C.), describiendo
diversos aspectos, habitualmente con carácter clínico, que le
dan entidad. Sin embargo, la experiencia nos lleva a considerar y entender que
lo realmente indispensable es, llegar a conocer y así comprender, cual
es la realidad de las personas que la padecen.
En este documento, hemos tratado de atender y
describir genéricamente, esos aspectos clínicos y posteriormente,
en el intento de acercarnos a esa realidad, hemos tratado de describir las alteraciones
propias de la P.C. y las situaciones que habitualmente determinan dichas alteraciones.
No hemos prescindido del uso de la nomenclatura
o los términos clínicos habituales en el contexto que determina
la P.C. y que creemos importante conocer y manejar, pero al tiempo, hemos procurado
mostrar de una manera sencilla y comprensible estas situaciones.
A partir de ahí, pasamos a reflexionar,
basándonos en nuestra experiencia y vivencias compartidas, sobre las
distintas y diversas capacidades que estas personas desarrollan.
Habitualmente se habla de las personas con P.C.
en términos de “discapacidad”, comparando la realidad de
estas personas con aquella que decidimos entender como la que constituye la
norma. De esta manera, el “déficit” condiciona y determina
el entorno de este colectivo. La percepción que de ellos y ellas existe,
se encuentra permanentemente bajo la influencia de este planteamiento y eso,
sin duda, contribuye a reforzar y agravar su situación de desventaja
social.
Creemos adecuado, aunque pueda parecer una simple
cuestión de forma, describir la realidad de estas personas en
términos de capacidad; tratar de ampliar los márgenes
de la normalidad para que en ella tengan cabida habilidades
que son y se adquieren de manera distinta a la que la norma establece, pero
que no por ello dejan de ser CAPACIDADES.
La complejidad de este planteamiento ha hecho
de éste un documento extenso que, de cualquier manera, considerábamos
oportuno y necesario en este espacio que desde la APCA entendemos como foro
de expresión y fuente de información.
Así mismo, nos gustaría destacar
que ni todas las personas con P.C. son partícipes de todas las situaciones
aquí descritas y que, ni tan siquiera este escrito puede recoger toda
su realidad. Este documento se basa en nuestra experiencia y en el conocimiento
de nuestro entorno pero, sin duda, existen personas y situaciones distintas
a las aquí expuestas. Insistir pues, en la dificultad que se plantea
al intentar hablar en términos generales de un colectivo de personas
que se caracteriza, precisamente, por la diversidad y particularidad
de cada uno de los casos.
TABLA DE CONTENIDOS
LA PARÁLISIS CEREBRAL
1. El Sistema Nervioso
2. El desarrollo motor
3. La Parálisis Cerebral
4. Una lesión neurológica a nivel del Sistema Nervioso Central
5. Antes de que éste complete su maduración
6. Puede tener muy diversas causas
7. Con carácter irreversible y no evolutiva
8. Que supone una alteración de las funciones cerebromotrices
9. También puede afectar otras funciones superiores
LAS ALTERACIONES PROPIAS DE LA
P.C.
10. Las alteraciones motrices
11. Discapacidad intelectual
12. Alteraciones de la comunicación
13. Epilepsia
14. Alteración de los sentidos: la vista y el oído
15. Otras alteraciones y consecuencias
16. La P.C. tiene tratamiento
LAS PERSONAS CON P.C.
17. Las capacidades de las personas con P.C.
18. Capaces de moverse
19. Personas inteligentes
20. Capaces de establecer comunicación
21. Capaces de percibir
22. Capaces de desarrollar y expresar su sexualidad
23. Personas capaces
LA PARÁLISIS CEREBRAL
1. El Sistema Nervioso
El Sistema Nervioso, formado
básicamente por células nerviosas que llamamos neuronas,
es el encargado de regular y controlar las funciones de todas las partes u órganos
del cuerpo. Es el encargado de la percepción y de elaborar respuestas
y órdenes; en definitiva, el que nos permite la relación
con el entorno.
Las neuronas del cerebro son las responsables
y encargadas de ir diferenciándose y especializándose en el control
de funciones determinadas, para permitir el desarrollo de las capacidades
de cada persona.
Con el desarrollo, “cada neurona aprende lo que ha de hacer”, cada
área del cerebro controla una función para que podamos percibir,
comunicarnos, razonar, movernos, etc.
2. El desarrollo motor
Así, el desarrollo motor
es un complejo proceso que consiste en el despliegue gradual de las aptitudes
motrices de la persona. Existen muchos centros y mecanismos
que regulan y coordinan la acción muscular a distintos niveles.
Podemos hablar de una organización jerárquica, de manera que los
centros superiores controlan y regulan a los inferiores.
Al principio del desarrollo los movimientos son automáticos y poco especializados.
El recién nacido lleva a cabo movimientos muy elementales y muestra numerosos
reflejos. Con el tiempo, el desarrollo motor permite la evolución de
esos reflejos, la ejecución de patrones de movimiento cada vez más
complejos, finos y selectivos.
Aprendemos a voltear, arrastrarnos, sentarnos,
mantener el equilibrio, manipular, erguirnos, caminar, etc. De la misma manera,
con el desarrollo, vamos adquiriendo el resto de capacidades en todos los ámbitos
de nuestra vida.
3. La Parálisis Cerebral
Los libros definen la P.C. como un síndrome, un conjunto
de manifestaciones clínicas, provocadas por una lesión neurológica,
ocurrida a nivel del Sistema Nervioso Central, antes de que éste complete
su maduración. La lesión puede tener muy diversas causas, tiene
un carácter irreversible y no es evolutiva. Supone una alteración
de las funciones cerebromotrices, es decir, el tono muscular, la postura y el
movimiento y habitualmente, afecta también a otras funciones superiores.
4. Una lesión neurológica a nivel del Sistema
Nervioso Central
Dentro del Sistema Nervioso podemos hablar de distintas partes:
el encéfalo, la médula espinal y los nervios. La P.C. ocurre cuando
algo provoca una lesión de las neuronas del encéfalo, es decir,
de dentro del cráneo.
Esa lesión acaba con un cierto número
de neuronas, impidiendo su acción y alterando, por lo
tanto, el desarrollo de la persona.
5. Antes de que éste complete su maduración
La mielina es
una sustancia de sostén o protección que recubre las neuronas.
Éstas completan su periodo de mielinización hacia el segundo o
tercer año de vida. Para que podamos hablar de P.C. la lesión
debe ocurrir antes de que concluya ese proceso.
Así, por ejemplo, una lesión neuronal a los ocho años de
vida, a pesar de que se pueda parecer mucho en sus manifestaciones a una P.C.,
no es considerada como tal.
La P.C. ocurre durante la gestación,
en el parto o en los dos o tres primeros años del desarrollo.
Es por esto que originalmente se hablase de “Parálisis Cerebral
Infantil”, aunque con el paso del tiempo se ha hecho habitual referirse
a este síndrome, simplemente como “Parálisis Cerebral”.
También es cierto que podemos encontrar textos y autores que consideran
que la P.C. puede ocurrir y ser considerada como tal, durante los 5 o 6 primeros
años de vida.
6. Puede tener muy diversas causas
Las causas que pueden originar esa lesión neurológica
son muy diversas. Puede ser una infección intrauterina, una malformación,
problemas durante el parto que provoquen asfixia o hemorragia intracraneal,
enfermedades metabólicas, meningitis, intoxicaciones, traumatismos…
La prematuridad y el consiguiente bajo peso en el nacimiento suponen un factor
importante de riesgo.
En realidad, es difícil enumerar las causas potenciales de la P.C. y
ciertamente, su importancia es relativa dado que, habitualmente, dicha causa
queda atrás en el tiempo y lo significativo es la lesión que ha
provocado y que condicionará el desarrollo de esa persona.
7. Con carácter irreversible y no evolutiva
Las neuronas que mueren
no pueden recuperarse. Por eso decimos que la P.C. es una lesión
irreversible.
Y también decimos que es una lesión
no evolutiva porque el número de neuronas afectadas no aumenta.
La lesión ocurre en un momento determinado de la vida que se supera y
queda atrás en el tiempo. Con la desaparición de la causa, se
establece una lesión que no es progresiva.
Sin embargo, hay que aclarar que las consecuencias de esa lesión permanecen
toda la vida y se van manifestando de manera cambiante con el paso del tiempo.
Si la atención no es adecuada, las consecuencias de la P.C. pueden ocasionar
complicaciones y dificultades que no son debidas a un aumento del número
de neuronas afectadas, sino a la mala evolución de la lesión original.
Y aún habría que aclarar una última cuestión al
respecto y es que, en ciertos casos sí se observa, en un determinado
momento del desarrollo, un claro empeoramiento de la situación general
de la persona como consecuencia de un agravamiento de su situación neurológica.
Esto ocurre como consecuencia de la epilepsia, una de las alteraciones asociadas
frecuentemente a la P.C. En ocasiones sobrevienen periodos de crisis severas
y repetidas que sí causan daño neuronal y que pueden agravar y
hacer empeorar de manera importante el estado de la persona.
Pero hechos todos estos matices y aclaraciones, podemos afirmar que la P.C.
tiene un carácter irreversible y que la lesión original no es
evolutiva.
8. Que supone una alteración de las funciones
cerebromotrices
Ya hemos hablado de la especialización
de las neuronas y del reparto de funciones entre las distintas zonas o áreas
del cerebro. Así, por definición, la P.C. supone que la lesión
neuronal afecta directamente a las áreas encargadas del control del tono
muscular, la postura y el movimiento.
La P.C. cursa siempre con una alteración del desarrollo motor, de las
funciones cerebromotrices.
9. También puede afectar a otras funciones superiores
Además, puede que otras
áreas del cerebro estén lesionadas también y nos encontremos
con otras alteraciones que consideramos asociadas a la lesión original
que determina la P.C.
Entre estas alteraciones asociadas
podemos nombrar la discapacidad intelectual, las alteraciones de la percepción,
de los sentidos, de la comunicación, del aprendizaje, del comportamiento
y la epilepsia, entre otras.
Lo habitual es que ocurra esto y que la persona
con P.C. se enfrente a otro tipo de alteraciones, además de las puramente
motrices.
Así pues, dependiendo de la gravedad
de la lesión, de su extensión y de su localización,
nos encontraremos con unas u otras manifestaciones clínicas, alteraciones
muy diversas y de muy distintos grados.
De ahí que sea frecuente referirse a la
P.C. como un trastorno global. También es habitual escuchar
que no existen dos personas con P.C. que sean iguales, esto es, que presenten
las mismas alteraciones y manifestaciones.
Esta realidad nos llevaría a hablar, en
la mayoría de los casos, de plurideficiencia. En otros
países la nomenclatura distingue entre los casos en que la afectación
es solo motriz y aquellos en los que se asocian otro tipo de alteraciones.
En España, el término de P.C. engloba
un amplio abanico de posibilidades y suele ir acompañado en el diagnóstico,
de diversas aclaraciones que describen y determinan con más exactitud
qué tipo de alteraciones presenta cada persona. Así,
un ejemplo de diagnóstico podría ser: P.C.I. (tetraparesia espástica,
epilepsia y ceguera cortical).
LAS ALTERACIONES PROPIAS DE LA P.C.
10. Las alteraciones motrices
Las propias alteraciones motrices
pueden ser muy distintas dependiendo del nivel o las zonas lesionadas.
Ya hemos hablado anteriormente de la diversidad y complejidad de las estructuras
y mecanismos que regulan la acción muscular.
Así, por ejemplo, atendiendo a las partes o zonas del cuerpo
que se ven más afectadas, podemos hablar de distintos tipos
de P.C.:
• Tetraparesia o tetraplejia,
cuando existe afectación de los cuatro miembros.
• Diplejia, cuando los Miembros Inferiores (MM.II.)
se encuentran afectados en mayor medida que los superiores.
• Hemiparesia o hemiplejia, cuando
es un hemicuerpo, bien el izquierdo o el derecho, el que muestra un mayor
grado de afectación.
• Monoplejia, que es poco habitual y hace referencia
a la afectación principal de un solo miembro.
Es habitual también que en el diagnóstico de
la P.C., además de especificar las zonas del cuerpo que se ven más
afectadas, se indique también qué tipo de alteraciones motrices
se presentan.
Se habla pues de distintos tipos de P.C. atendiendo
a las distintas formas de alteración del tono muscular. Así,
numerosas publicaciones distinguen entre P.C espástica,
atetoide, atáxica o mixta.
La espasticidad
es una consecuencia frecuente y significativa de la P.C. Las estadísticas
hablan de que, aproximadamente el 70% de los casos, pueden ser enmarcados dentro
de esta modalidad. La espasticidad es consecuente a una lesión de neuronas
superiores, de aquellas que forman lo que se llama el sistema piramidal y supone
un aumento permanente del tono muscular. Hay determinados grupos
musculares que están rígidos, en constante contracción.
Es pues, una modalidad o forma de hipertonía, una alteración motriz
que se define como un aumento patológico de dicho tono muscular, del
estado de tensión del músculo.
El reflejo miotático es un reflejo por
el cual un músculo se contrae, de manera refleja, ante un estiramiento
del mismo. En la espasticidad hay una exaltación de ese reflejo
miotático y también una falta de regulación
o control de los centros superiores. Una lesión importante a
este nivel provoca que los reflejos posturales, coordinados a niveles inferiores,
en vez de evolucionar para permitir el desarrollo de movimientos cada vez más
complejos, se descontrolen, se tornen anormales y se manifiesten exagerada y
permanentemente.
La lesión daña e impide la acción y buena función
de determinadas neuronas. Hay una falta de coordinación y control sobre
la acción muscular que se traduce en esa rigidez.
La espasticidad se suele instaurar en determinados
grupos musculares, dando lugar a patrones típicos de postura
y movimiento. Estas personas suelen mantener las mismas posturas que
marcan esos reflejos fuera de control. En estos casos, existen
también posturas que inhiben la espasticidad; se pueden
provocar determinadas situaciones posturales que hacen disminuir ese tono muscular
exaltado. Así, por ejemplo, cuando se impone un patrón global
en extensión, es decir, que la espasticidad se instaura fundamentalmente
en los grupos musculares extensores, el hecho de flexionar y mantener así
el cuello, suele provocar un importante grado de relajación global con
disminución de esa espasticidad.
Si la espasticidad es severa, existen pocas posibilidades de llevar a cabo movimientos
voluntarios y controlados. Los movimientos son poco selectivos, son más
bien a base de patrones estereotipados y poco funcionales. No pueden elegir
y disociar sus movimientos. Además, el esfuerzo por intentar moverse
puede hacer que el tono muscular aumente y eso dificulta todavía más
el movimiento. Estas personas tienen por lo tanto, pocas posibilidades de controlar
o modificar esas posturas típicamente anormales.
La persistencia de determinadas situaciones posturales
hace que, con el paso del tiempo, los músculos y tendones se acorten
y que otras partes blandas de las articulaciones también se retraigan.
Estas retracciones se pueden hacer gradualmente irreversibles
y provocar deformidades.
Es habitual encontrar manos cerradas, muñecas flexionadas, codos y rodillas
también en flexo, pies con la punta hacia abajo (el famoso “pie
equino”), escoliosis (la desviación lateral de la columna) o luxación
de cadera.
La llamada “cadera paralítica”
es una alteración muy frecuente, sobre todo en niños y niñas
con P.C. espástica que no deambulan. Ocurre porque los músculos
que flexionan y aproximan la cadera están espásticos y se imponen
a los músculos extensores y separadores de dicha cadera, que se muestran
débiles. Ese desequilibrio muscular ocasiona una deformidad progresiva
del fémur, así como displasia de la cadera, es decir, que hay
una anomalía, un desarrollo insuficiente del acetábulo en el que
se articula el fémur, provocándose primero subluxación
y posteriormente, luxación de esa cadera.
Esa luxación suele provocar dolor; hay deformidad de la cadera quedando
la pierna en aproximación, normalmente cruzada sobre la otra pierna.
Hay pues, limitación al movimiento de separación de esa pierna
con las consiguientes dificultades para el aseo perineal que eso supone y suele
observarse también, oblicuidad pélvica. Todo esto hace que estas
personas tengan serias dificultades para sentarse de manera estable y confortable.
La espasticidad no suele mostrarse en bebés recién nacidos. Normalmente
se va instaurando con el paso de los meses y a medida que el niño o la
niña tratan de moverse y aprender a hacer cosas.
Los espasmos se asocian siempre
a la espasticidad. Son contracciones musculares involuntarias y persistentes.
En ocasiones, estos espasmos se provocan por un sobresalto o de manera frecuente,
si tratamos de mover de manera brusca o rápida a esa persona. Ante una
manipulación de ese tipo, los músculos reaccionan contrayéndose
todavía más y necesitan después de un cierto tiempo para
restablecer su situación. También el esfuerzo, la excitación,
la pérdida del equilibrio, el miedo, la ansiedad o el stress, pueden
provocar un aumento del tono muscular y el desencadenamiento de espasmos.
Es típico observar en las personas con
un grado importante de espasticidad, un tipo de espasmo que llamamos opistótonos
y en el cual, los músculos de la nuca y el dorso se contraen, haciendo
que la persona se arquee, con los talones y el occipucio como puntos de apoyo.
Suele durar unos segundos, tras los cuales, progresivamente, la persona recupera
su situación anterior.
Puede ocurrir también que la espasticidad no se manifieste de manera
tan exagerada y que el aumento del tono muscular no sea tan determinante. Puede
que la persona sea capaz de llevar a cabo actividades motrices sencillas, aunque
con el esfuerzo o la ansiedad, como ya dijimos anteriormente, el tono aumente
considerablemente.
Pueden llegar a mantener el equilibrio, a veces
con ayuda de adaptaciones u ortesis. Pueden presentar un cierto grado de movilidad
y funcionalidad, aunque es habitual observar el desencadenamiento de lo que
llamamos reacciones asociadas.
Estas reacciones son movimientos reflejos que se asocian involuntariamente a
ciertos movimientos voluntarios. Así, por ejemplo, es habitual observar
que aunque la persona pretenda levantar un solo brazo, el otro, por imitación,
se eleve también de forma no intencionada. Es frecuente ver que ante
la intención de flexionar los dedos de la mano, se flexione todo el brazo;
que al trabajar con el hemicuerpo afecto, aumente el tono muscular del hemicuerpo
sano o que al trabajar con el brazo, aumente el tono de la pierna de ese lado.
El clonus, que también
se suele asociar a la espasticidad, es un fenómeno que sucede por la
extensión brusca y pasiva de los tendones de un grupo muscular que comienza
a contraerse rítmica e involuntariamente. Es típico observarlo
en el pie. Ante un golpe o movimiento brusco de la punta del pie, éste
comienza a moverse rápidamente. La punta del pie sube y baja rítmicamente
hasta que cogemos ese pie y estiramos suave y lentamente el tendón que
ha originado el clonus. En este caso, levantando el pie hacia atrás y
estirando el Tendón de Aquiles.
Es habitual la utilización de distintos
fármacos para tratar de controlar la espasticidad. Los más usados
son el diacepam, cuyo nombre comercial es el Valium, que actúa
de manera generalizada en el cerebro y el cuerpo y el baclofén,
comercializado como Lioresal, que bloquea las señales transmitidas desde
la médula espinal a los músculos.
En los últimos años, se está
extendiendo el uso de una toxina llamada botulínica.
Ingerida en gran cantidad es la causante del botulismo, pero inyectada en minúsculas
cantidades en músculos concretos, provoca la relajación y disminución
del grado de espasticidad de los mismos. Las dosis dependen del tamaño
del músculo y la severidad del caso. Se suelen inyectar varios puntos
clave de cada músculo. La mejoría comienza a observarse a los
dos o tres días de la administración y perdura de dos a cuatro
meses, tiempo en el que se lleva a cabo un tratamiento intensivo de fisioterapia
con el fin de estirar ese músculo y ganar amplitud articular.
La atetosis
es otra modalidad frecuente de alteración motriz que determina, para
muchos autores, el establecimiento de un tipo de P.C., la atetósica,
que también se suele llamar P.C. “disquinética”. Ocurre
por la afectación de neuronas del cuerpo estriado y se caracteriza por
provocar movimientos lentos y reptantes que suelen afectar fundamentalmente
a los dedos, las manos, la cara y la lengua. El tono muscular es fluctuante.
Se observan movimientos involuntarios que suelen aumentar con el stres o la
intención de movimiento y que desaparecen con el sueño.
Las personas con atetosis suelen presentar también
otro tipo de alteraciones o movimientos involuntarios como los propios de la
corea. Estos son movimientos bruscos, rápidos, irregulares
y desordenados que pueden afectar a uno o varios segmentos del cuerpo.
Las articulaciones son a menudo hipermóviles y los tejidos blandos que
las rodean, están laxos. Son comunes las alteraciones para la deglución
y la succión, con movimientos anormales de la lengua así como
la protrusión, esto es, un avanzamiento anormal de la lengua que puede
mostrar un tamaño mayor de lo habitual y suele permanecer fuera de la
boca.
Los balismos son movimientos bruscos, de gran
amplitud, que se repiten estereotipadamente y que pueden ser enmarcados dentro
de la corea. Es habitual observar aquellos que afectan a una extremidad superior.
En ese caso, se llaman monobalismos y la estereotipia se caracteriza
por un movimiento muy rápido de abducción y rotación externa
del brazo, un movimiento como si la persona se dispusiese a lanzar una piedra.
Estos movimientos también aumentan con la actividad, por ejemplo cuando
la persona trata de andar y disminuyen con el reposo.
La ataxia
es otra alteración típica en la P.C., aunque menos frecuente.
Está provocada por una lesión en el cerebelo que regula la metría,
el equilibrio y la secuencia espacio-tiempo del movimiento. Básicamente
se traduce como falta de coordinación. Así, para realizar cualquier
acción, se suceden antes movimientos inadecuados, rápidos y repetitivos,
que van siendo compensados hasta que la persona logra ejecutar el movimiento
deseado, con más o menos calidad.
Las reacciones de equilibrio son ineficaces. La respuesta ante la pérdida
de dicho equilibrio es exagerada y poco segura. Si hay marcha, ésta es
con una amplia base de sustentación, vacilante y con mala dirección.
Realmente resulta difícil
encontrar casos en los que solo se presente una determinada alteración.
Lo habitual es encontrar patrones mixtos,
personas que combinan y presentan distintos tipos de alteración del movimiento
en diversos grados. Si existen clasificaciones de la P.C. al respecto de los
tipos de alteración motriz, es atendiendo a la prevalencia de la alteración
más importante o significativa en cada caso.
Es necesario también,
hablar de la hipotonía como una alteración propia del tono muscular
y que, en la mayoría de los casos, es la primera fase de evolución
hacia otras formas de P.C., aunque también hay casos en los que esa hipotonía
se mantiene con el paso del tiempo, es debida a una importante lesión
de origen central y determina un pronóstico grave. La hipotonía,
frente a la hipertonía que antes nombramos, se define como la disminución
patológica del tono muscular. Determina músculos blandos o flácidos,
con escasa fuerza y dificultades para realizar cualquier acción.
Vemos pues, que son numerosas y distintas las alteraciones
del movimiento que pueden presentar las personas con P.C. Sin duda, su realidad
motriz es compleja. Ya hablamos de que esa realidad provoca, en muchas ocasiones,
distintas retracciones y deformidades típicas en estas personas.
Sus músculos no obedecen ni reaccionan de la manera habitual. Su capacidad
de reacción está alterada y su velocidad de respuesta es lenta.
En ocasiones existen muy pocas posibilidades de llevar a cabo movimientos voluntarios
y cuando es posible, los movimientos son de poca calidad. Resulta difícil
coordinar la acción muscular. Es habitual observar el desencadenamiento
de movimientos estereotipados y patrones de movimiento anormales. Los movimientos
involuntarios y la imposibilidad de disociar y seleccionar cada movimiento,
añaden muchas dificultades al intento de realizar cualquier tipo de actividad.
En definitiva, una compleja realidad motriz,
que lo es en mayor o menor medida según la localización y la extensión
de cada lesión.
11. Discapacidad intelectual
La discapacidad intelectual es
una de las alteraciones frecuentemente asociadas a la P.C. El hecho de ser considerada
como tal, como una “alteración asociada”, indica que puede
o no, existir.
De esta forma respondemos a una pregunta habitual
entre aquellos y aquellas que se inician en el conocimiento de esta lesión.
Hay personas con P.C. que no tienen alterada su capacidad intelectual,
independientemente de cual sea su lesión a nivel motriz.
En otros casos, sin embargo, la lesión
que origina la P.C. puede alterar también y de manera
importante, la capacidad intelectual de la persona. La lesión
afecta de manera directa y severa las áreas del cerebro encargadas del
desarrollo de la inteligencia y esto determina que estas personas muestren graves
dificultades ante cualquier aprendizaje. La combinación de esta situación
y las alteraciones motrices, que suelen ser también graves en muchos
de estos casos, hacen que se hable de personas gravemente afectadas, personas
con un alto grado de dependencia para el desarrollo de cualquier actividad de
la vida diaria (A.V.D.).
Y como es de suponer, entre ambos extremos, podemos
encontrar muy distintos grados de alteración y por lo tanto, desarrollo
de la capacidad intelectual.
Las alteraciones de la capacidad intelectual pueden
determinar un desarrollo que no se corresponde con la edad cronológica
de la persona, evidenciándose un importante retraso. Pueden existir problemas
de memoria, de orientación espacial y temporal, dificultades para la
adquisición de conceptos básicos o cualquier otro tipo de aprendizaje;
personas con conocimientos muy limitados y referidos a su entorno más
inmediato.
Es particularmente habitual en las personas con
P.C. que presenten una gran dispersión; se cansan con rapidez y tienen
poca capacidad de atención y concentración. Suelen mostrar poca
iniciativa y puede resultar difícil provocar su motivación para
obtener un buen grado de colaboración ante cualquier propuesta.
Es necesario señalar que el desarrollo
intelectual, además de verse alterado por una lesión directamente
relacionada con las áreas del cerebro encargadas de ello, también
puede estar condicionado por la falta de estímulos y experiencias
que sufren aquellas personas con serias dificultades para moverse y
acceder al entorno.
Todas estas dificultades nombradas, referidas
al desarrollo intelectual de la persona, están íntimamente ligadas
con la capacidad que muestran para comprender y expresar, es decir, para comunicarse.
12. Alteraciones de la comunicación
Efectivamente, tanto la
capacidad de comprensión como la de expresión, pueden verse
alteradas de manera asociada en la P.C. Puede ocurrir que las áreas
del cerebro encargadas del control de estas habilidades se encuentren
directamente lesionadas. Existe una alteración
en la utilización de las reglas precisas para la producción
y/o comprensión de un mensaje. Pero además, como decíamos,
en el proceso de comunicación se hace necesaria la participación
de otras capacidades que, finalmente, permiten establecer dicha comunicación.
Así, la capacidad intelectual y el desarrollo
motor de aquellas estructuras implicadas en la realización
articulatoria, condicionan directamente la comunicación y su alteración,
supone consecuentemente, una alteración de la capacidad para comunicarse.
Hay que destacar que existe una estrecha relación entre las alteraciones
motrices que dificultan la articulación y aquellas que atañen
a la movilidad bucofacial y que interfieren en el proceso de la alimentación.
Teniendo en cuenta todos estos condicionantes,
que pueden además presentarse en grados muy variables y distintos,
debemos hablar una vez más de alteraciones y realidades
muy particulares en cada una de las personas con P.C. Tanto la
capacidad de comprensión como la de expresión pueden sufrir
alteraciones de muy diversa indole.
En ocasiones, puede resultar difícil
llegar a conocer exactamente cual es el grado de comprensión de
algunas personas que presentan limitaciones en su expresión y por
tanto, en su capacidad de respuesta consecuente a dicha comprensión.
La capacidad de expresión sin embargo, resulta mucho más
fácil de percibir y valorar. Aún así, en ocasiones
se hace necesaria una especial atención para valorar las capacidades
de algunas personas que sufren una lesión importante a nivel motriz
y que ven como sus posibilidades de llevar a cabo movimientos voluntarios
están seriamente mermadas. La falta de respuestas puede ser interpretada
como la consecuencia de una grave alteración de la capacidad intelectual
y de comunicación, sin ser ese el motivo.
Las alteraciones en la expresión
oral son tan variables que cada caso debe de ser valorado y entendido
de manera particular. En ocasiones la comunicación es rica
y fluida; aunque la pronunciación no sea perfecta, es fácilmente
comprensible e incluso hay casos en los que la articulación presenta,
simplemente, pequeñas alteraciones muy moderadas. En otras personas,
las alteraciones de esta modalidad de comunicación pueden ser severas
en cuanto a la capacidad motriz para la articulación y pronunciación
de las palabras. En estos casos, la práctica y la experiencia del
interlocutor suelen ser un factor determinante para poder obtener un buen
grado de comprensión. Las personas del entorno aprenden a conocer
e interpretar las particulares expresiones de cada persona. Un importante
déficit del desarrollo intelectual puede provocar que a pesar de
que la pronunciación sea entendible, el repertorio de palabras
utilizadas sea muy limitado y referido siempre al entorno más inmediato.
La ecolalia, esto es, la repetición automática
de las palabras, es otro fenómeno que puede ocurrir en algunas
personas con P.C. Y por supuesto, también hay casos en los que
la expresión oral resulta imposible.
Numerosas dificultades que hacen necesaria
una atención individual y especializada para determinar en cada
caso las alteraciones existentes y sobre todo, las posibilidades de desarrollo
de la capacidad para la comunicación, un factor que condiciona
de manera fundamental el desarrollo y la vida de cualquier persona.
13. Epilepsia
Dicen las estadísticas
que una de cada tres personas con P.C. sufre, de manera asociada,
epilepsia, aunque hay estudios que llegan a hablar de una incidencia del 50%.
La epilepsia es una afección
crónica determinada por una disfunción neurológica, un
trastorno en la actividad eléctrica del cerebro. Se caracteriza por el
desencadenamiento de crisis recurrentes, crisis epilépticas,
que no son más que episodios provocados por una descarga rítmica
y repetitiva en la que se liberan grandes cantidades de neurotransmisor.
Los neurotransmisores son las sustancias que se liberan para transmitir el impulso
nervioso de una neurona a la siguiente. Así pues, si se liberan cantidades
exageradas de estas sustancias, las neuronas objeto de la alteración,
se activan excepcionalmente y provocan las diversas manifestaciones propias
de la epilepsia.
Dependiendo de la zona o zonas del cerebro que se vean afectadas, observaremos
unos u otros fenómenos neurológicos, unas u otras manifestaciones.
Se pueden observar síntomas motores (espasmos, convulsiones…),
sensitivos (parestesias, vértigo, alucinaciones visuales y auditivas…),
psíquicos (miedo, angustia, fenómeno de “deja vu”,
delirios…)… Los síntomas pueden manifestarse parcialmente,
en una zona del cuerpo, o afectar a todo el organismo de manera generalizada.
De esta forma podemos hablar de distintos tipos de crisis epilépticas.
Las crisis tónico-clónicas,
conocidas como “gran mal”, comienzan con la pérdida súbita
de la conciencia. Hay una primera fase tónica en la que los músculos
sufren un espasmo, una contracción mantenida; hay pérdida del
control postural y normalmente la emisión de un grito, provocado por
la espiración forzada que produce la contracción de los músculos
respiratorios. A los pocos segundos comienza la fase clónica en la que
la persona convulsiona, los miembros se contraen rítmicamente. Puede
durar entre uno y dos minutos. Finalmente los músculos se relajan, la
persona queda adormecida y pueden pasar varios minutos hasta que, desorientada
y poco a poco, va recuperando la conciencia. Tras estas crisis la persona suele
quedar confundida, somnolienta, con dolor de cabeza y dolores musculares. Puede
ocurrir que la crisis suponga la pérdida del control de esfínteres.
Ante estos episodios, la intervención pasa simplemente por colocar a
la persona en posición lateral de seguridad para evitar posibles aspiraciones
y acompañarla en el trance. Aunque no es lo normal, puede ocurrir que
se sucedan varias crisis prolongadas o repetidas, sin periodos de recuperación,
que pueden poner en peligro a la persona y que, en tal caso, necesitarían
de la administración de algún fármaco de urgencia y posiblemente,
atención sanitaria.
Las crisis también pueden
ser solamente tónicas, es decir, que cursan como las
anteriores, la persona se pone rígida, con los ojos y la cabeza girados
a un lado, pero después no hay convulsiones. Estas crisis son mucho más
breves.
Otras crisis llamadas de
ausencia o “pequeño mal”, cursan con pérdida
de conciencia pero sin actividad muscular convulsiva. Puede haber algún
leve parpadeo o temblor de manos, pero esencialmente lo que ocurre es que la
persona interrumpe su actividad que reanuda a los pocos segundos, entre 10 y
30 seg. habitualmente. Pueden o no ser conscientes del episodio que han sufrido.
También existen casos muy particulares en los que las crisis pueden manifestarse,
por ejemplo, a través de una risa o un llanto incontrolado y desmedido.
Y también tenemos la experiencia de haber observado que, hay casos en
los que el factor desencadenante de la crisis puede ser algo muy concreto y
singular, como el ruido de una máquina cortacésped o el movimiento
de las cortinas del Aula.
La epilepsia requiere tratamiento farmacológico.
Ya dijimos que las crisis epilépticas son dañinas para el cerebro
y pueden provocar un deterioro gradual de ciertas funciones del mismo.
Como hay diversos fenómenos fisiopatológicos
que propulsan y ocurren durante las crisis, hay varios fármacos
que actúan a distintos niveles para tratar de controlar e inhibir
estas crisis. No existe un fármaco que controle todos los tipos de crisis
e incluso, cada paciente precisa de un fármaco diferente ante el mismo
tipo de crisis.
En ocasiones se hace necesaria la combinación
de varios fármacos. Tanto la administración como
la retirada de cualquier medicación antiepiléptica
deben realizarse de manera gradual, porque de lo contrario
se puede provocar el descontrol y desencadenamiento de episodios importantes
de crisis. Así pues, es necesario llevar a cabo un periodo de búsqueda
y ajuste de la medicación adecuada en cada caso. Se comienza la administración
con una cantidad mínima y gradualmente se va aumentando hasta encontrar
la dosis idónea.
Es importante también, tener en cuenta
los efectos adversos o secundarios que este tipo de medicación
suele provocar y entre los que hemos de destacar la somnolencia, el cansancio,
déficit en la concentración, atención y memoria.
Es necesario pues, procurar un estricto
control de la medicación antiepiléptica por parte del
especialista, asegurarnos de que las dosis se adecuan en cada momento al estado
de la persona y observar atentamente las posibles manifestaciones adversas que
puedan aparecer como consecuencia de estos fármacos.
Entre los principios activos usados para el control
de la epilepsia podemos nombrar el clonazepan que es una benzodiazepina,
la carbamazepina, el ácido valproico,
el topiramato, la vigabatrina
o la lamotrigina.
La traducción comercial de estas sustancias
nos sitúa, respectivamente, ante fármacos con nombres que son
habituales en el entorno de las personas con P.C. como son Rivotril, Tegretol,
Depakine, Topamax, Sabrilex o Labileno.
14. Alteración de los sentidos: la vista y el
oído
También es relativamente frecuente que la vista y el
oído se encuentren alterados de manera asociada en la P.C.
Puede que las áreas del cerebro encargadas de interpretar y procurar
la visión, estén afectadas, estableciéndose así
distintas alteraciones en base a la especificidad de cada lesión. Hay
personas que solo perciben determinados colores o que lo hacen solo en determinados
campos de visión.
Se habla de que el estrabismo
es el problema más común de vista entre las personas con P.C.
Ocurre porque los ojos no están alineados, debido a las diferentes capacidades
que muestran los músculos del ojo izquierdo y el derecho, que no llegan
a coordinar su acción.
La alteración del oído, en muy diversos grados, es menos frecuente
pero también ocurre y merece ser considerada. Se asocia fundamentalmente
y de manera más grave a los casos de P.C. atetoide.
15. Otras alteraciones y consecuencias
Hemos descrito anteriormente
las que son las alteraciones asociadas más importantes y significativas
en las personas con P.C. Pero una vez más, aludiendo a la complejidad
del S.N.C., es fácil imaginar que al tiempo, pueden coexistir otro
buen número de alteraciones que lógicamente, también
condicionan la vida de estas personas.
Entre las alteraciones asociadas a la P.C., las
que hacen referencia a la percepción, no suelen ocupar
un lugar relevante, quizás porque sus consecuencias no son tan evidentes
desde afuera e incluso porque resulta difícil comprender o imaginar,
en muchos casos, la realidad que determinan para la persona que las padece.
Sin embargo, no podemos obviar que esas alteraciones de la percepción
pueden ocurrir.
Podemos hablar de alteraciones de la percepción espacial, personas con
dificultades para calcular distancias, para percibir la situación de
su cuerpo en el espacio o de las propias partes del cuerpo entre sí,
para construir visualmente en tres dimensiones o para reconocer objetos por
el tacto. La nocicepción, la percepción del dolor, también
puede verse alterada y establecer umbrales para el dolor poco habituales. La
mala percepción del tiempo y la desorientación temporal que ello
provoca, es también un aspecto a tener en cuenta cuando hablamos de la
realidad de estas personas.
Otras alteraciones asociadas, que al menos debemos nombrar, son las referidas
a la conducta, las alteraciones del comportamiento.
No es raro encontrarnos con personas con P.C.
que evidencian problemas de crecimiento; personas que a pesar
de tener una buena alimentación, presentan bajo peso y poca estatura
en relación a su edad, así como falta de desarrollo sexual. La
causa puede estar en una lesión de los centros cerebrales que controlan
el crecimiento y el desarrollo.
Hemos hablado hasta ahora de alteraciones provocadas por una
lesión directa en aquellas áreas del cerebro encargadas de llevar
a cabo determinadas funciones. Pero además, debemos nombrar ciertas dificultades
que no relacionamos con una lesión directa en el S.N.C. sino que surgen
con el paso del tiempo bajo la influencia de dichas alteraciones. Son consecuencias
típicas que suelen atentar contra el bienestar físico de las personas
con P.C. y que nos llevan necesariamente a reflexionar sobre los conceptos de
SALUD y ENFERMEDAD.
Es complejo tratar de definir la SALUD. Sin duda, hemos de atender a una concepción
integral de la persona, incluyendo el cuidado de todos los ámbitos de
su vida. Debemos hablar de bienestar físico, psíquico y social
y de la estrecha relación existente entre ellos. Pero más que
entrar en esta compleja situación de definición de la SALUD, creemos
necesario aclarar o reflexionar sobre el concepto de ENFERMEDAD.
Es todavía demasiado habitual que se haga
referencia a las personas con P.C. utilizando términos como “pacientes”,
“enfermos o enfermas”. En realidad y como ya dijimos anteriormente,
la lesión que provoca la P.C. ocurre en un determinado momento de la
vida, pero éste se supera y queda atrás en el tiempo. Las
personas con P.C. no son pues, de manera permanente e ineludible, “enfermas”,
aunque lógicamente, puedan caer de manera transitoria en esa situación.
Hay episodios que comprometen su salud, nos llevan a hablar de enfermedad y
ocurren con independencia de la existencia de una lesión como la que
origina la P.C. Nos referimos a enfermedades comunes como puedan ser una gastroenteritis,
una otitis o un proceso gripal. Como cualquier persona, pueden contraer cualquier
enfermedad. Incluso podemos afirmar que, quizás, la P.C. determina una
mayor predisposición o vulnerabilidad ante ciertas enfermedades e incluso
un mayor riesgo ante sus consecuencias.
Ahora bien, por otro lado, debemos
hablar de esas consecuencias lógicas, diversos problemas típicos
en las personas con P.C., que atentan contra su bienestar físico
pero que no por ello nos deben llevar a hablar de enfermedad. Son situaciones
habituales para ellos y ellas y por lo tanto, que merecen especial atención,
pero que insistimos, no deben ser entendidas como enfermedades.
Veamos pues a qué nos referimos exactamente, cuáles son esas situaciones
típicamente consecuentes a la P.C.
Por ejemplo, las dificultades motrices y las alteraciones que habitualmente
se asocian a ellas, pueden condicionar el buen desarrollo de ciertas funciones
vitales o provocar deterioros en diversos sistemas o estructuras del cuerpo.
La ausencia de movimiento que generalmente provoca
la P.C. puede dar lugar a la aparición de problemas en la piel.
Las presiones mantenidas por la imposibilidad para cambiar de postura de manera
voluntaria, sumadas a una deficiente hidratación, pueden dar lugar a
la aparición de úlceras o escaras.
Esa falta de capacidad para
el movimiento voluntario y por consiguiente, el mantenimiento obligado de patrones
de postura anormales, pueden dar lugar también a problemas ortopédicos
y requerir atención a este nivel.
Es habitual el uso de ortesis, es decir, aparatos ortopédicos que se
emplean para sostener, alinear, prevenir o corregir las deformidades o para
mejorar la función de las partes móviles del cuerpo. Entre las
más frecuentes podemos nombrar las férulas para controlar el flexo
de muñeca, las férulas antiequino, para evitar que el pie se mantenga
con la punta hacia abajo o los corsés para controlar las desviaciones
de la columna…
Y lógicamente, debemos hablar con detenimiento
de la silla de ruedas de la que habitualmente
dependen, tanto para la permanencia como para el desplazamiento, la mayoría
de las personas con P.C. En nuestro entorno, prácticamente el 90% de
la población hace uso de una silla de ruedas, que debe estar adaptada
a las particulares circunstancias de cada uno de los casos.
Existen muchos modelos y adaptaciones para lograr ajustarse y responder a las
necesidades que cada persona presenta. Son muchos los elementos que componen
una silla y también los factores que hay que tener en cuenta para su
elección.
Las hay de materiales diversos
(hierro, aluminio, duraluminio...), de mayor o menor peso, resistencia y durabilidad.
Podemos decir que la calidad de una silla depende, en gran medida, de las posibilidades
de ajuste y articulación de sus distintos elementos.
El asiento y el respaldo son esenciales
en la elección de una silla adecuada. Los hay muy sencillos, simplemente
de lona y situados en un ángulo fijo de 90º, pero lo habitual es
que estén adaptados. El hecho de que sean regulables o abatibles es interesante
porque permite adecuar la actitud postural de la persona ante la realización
de distintas actividades. Hay asientos muy completos, con formas que se adaptan
a la anatomía de cada persona, que procuran la estabilización
y control de la pelvis y recubiertos de materiales que llamamos antiescaras
y que previenen los problemas de úlceras por presión que pueden
aparecer por la sedestación prolongada.
La mayoría de sillas permiten la colocación
de un taco abductor o separador, que se sitúa entre
las piernas para evitar que permanezcan cerradas o cruzadas, cuando existe un
patrón postural anormal en ese sentido.
Los respaldos también suelen estar adaptados para tratar de corregir
los posibles desequilibrios de tronco y malas actitudes posturales. Es muy común
el uso lo que llamamos “controles laterales de tronco”, tacos almohadillados
que sujetan el cuerpo, prestando apoyos en zonas concretas.
El sistema elegido para la sujeción
es muy importante. Es esencial para procurar una buena sedestación
que la pelvis se mantenga controlada y en su sitio. Muchas personas tienden
a hacer una retroversión pélvica, esto es, dejarse resbalar hacia
adelante en el asiento para acabar sentándose sobre el sacro, la parte
más baja de la espalda. Para tratar de evitar esas situaciones hay distintos
tipos de sujeciones, en forma de peto, cinturones o braguero, que deben permitir
esa fijación de la pelvis y el tronco, sin provocar rozaduras ni molestias.
Puede ser que la cabeza también requiera
una atención especial si es que la persona no ha desarrollado y adquirido
definitivamente el control cefálico. Entonces se coloca un reposacabezas,
del tamaño y la forma adecuada.
En ocasiones, cuando las deformidades que presenta
la persona son importantes y no se pueden corregir, el asiento y el respaldo
se sustituyen por un lecho a medida; una especie de molde de
un material específico que respete esas deformidades y permita una permanencia
cómoda. Esos lechos se integran y adaptan al chasis de una silla de ruedas
susceptible de ello.
Los reposapiés son otro
elemento importante que debe permitir un adecuado apoyo y control de ambos pies.
Son regulables en altura y pueden incorporar algún sistema de fijación
para los pies con belcros o correas.
En muchos modelos de silla existe la posibilidad de incorporar una bandeja
que puede ser usada como mesa para el trabajo o la alimentación.
La silla de ruedas suele convertirse en la principal
opción para el desplazamiento. Así, se pueden proporcionar
distintas ayudas que permitan el aprovechamiento de las capacidades de la persona
para su desplazamiento autónomo. Cuando la persona es capaz de manejar
sus brazos para autopropulsarse, las ruedas traseras son grandes e incorporan
un aro en su perímetro que así lo permite. Si el uso funcional
se restringe a un solo brazo por mayor afectación de uno de los hemicuerpos,
en la rueda del lado funcional, se pueden colocar dos aros con un sistema que
permite avanzar y girar a ambos lados.
También hay sillas que se desplazan gracias a una batería y que
se manejan, normalmente con un joystick o mando, situado al alcance de la mano
u otra parte del cuerpo que conserve movilidad voluntaria.
Todas las sillas incorporan algún sistema
de frenado, esencial para la seguridad en muchas situaciones y de manera
especial, para el momento del abandono o la incorporación a la silla.
Las posibilidades y facilidad de plegado,
así como el peso y manejabilidad, son
también un factor a tener en cuenta. El tamaño
de la silla debe estar acorde con las dimensiones del entorno habitual de cada
persona para que las puertas, ascensores u otras barreras arquitectónicas,
no dificulten el desplazamiento.
En cada caso se han de valorar tanto
las particulares características de la persona como las de su entorno,
antes de llevar a cabo la elección de la silla y dar por completado su
proceso de adaptación.
Y siguiendo con el análisis
de esos problemas típicos y consecuentes a la P.C., hemos de decir que
la actividad es uno de los factores esenciales para permitir la constante regeneración
del tejido óseo, de manera que la ausencia de la misma, habitual en las
personas con P.C. gravemente afectadas, puede suponer la aparición de
osteoporosis, una alteración del hueso que supone la
formación de espacios anormales que lo hacen excepcionalmente frágil.
La función respiratoria
se puede ver también alterada por diversas causas en las personas con
P.C. Las deformidades óseas del tórax, el déficit de los
músculos respiratorios o la propia hipersecreción bronquial, pueden
mermar y comprometer seriamente esta función vital. Los cuidados para
mantener las vías respiratorias libres de secreciones son habituales
e imprescindibles en algunos casos. De hecho, los problemas respiratorios son
una causa frecuente de mortandad en este colectivo.
El sistema circulatorio
también se puede ver afectado por las dificultades que existen para la
circulación de retorno que, en gran medida, también depende de
la actividad muscular. No es extraño encontrar personas con las piernas
edematizadas, hinchadas, como consecuencia de esta situación.
Es necesario también
hablar de las distintas alteraciones que podemos encontrar en el proceso de
alimentación de estas personas. Las propias alteraciones
cerebromotrices pueden originar diversos trastornos funcionales a este nivel.
Es muy habitual observar el establecimiento de posturas anormales como la hiperextensión
del cuello. Esta situación provoca un mal funcionamiento en la motilidad
de la laringe y la lengua y el cierre imperfecto de la traquea con la aparición
de falsas rutas, es decir, trayectorias anormales que siguen los alimentos y
líquidos que suelen provocar tos y atragantamientos. El déficit
de los grupos musculares implicados directamente en la alimentación puede
alterar la succión, la recogida del alimento, el desplazamiento dentro
de la boca con la lengua, la masticación y el acto de tragar. También
es relativamente habitual encontrar casos de reflujo gastroesofágico,
en los que ocasionalmente el contenido del estómago retrocede hasta el
esófago. Las dificultades para la manipulación condicionan de
manera directa e importante la autonomía que se pueda llegar a alcanzar
a este nivel. La discapacidad intelectual e incluso los problemas sociales y
de conducta, se pueden sumar para determinar situaciones complejas y que, ciertamente,
alteran dicho proceso de alimentación.
También resulta habitual
encontrar problemas de estreñimiento como consecuencia de la falta de
motilidad intestinal y algunas personas necesitan ayuda externa sistemáticamente
para controlar la función de su aparato excretor. Las
infecciones urinarias son otra de las complicaciones que pueden presentarse
con cierta frecuencia.
Las alteraciones motrices o
la discapacidad intelectual pueden determinar la falta de control de
esfínteres que se convierte así en una situación
bastante habitual y que, en muchos casos, se hace insuperable y supone el uso
permanente del pañal de manera indefinida.
La mala implantación
dental también es una alteración que ocurre con cierta
frecuencia entre las personas con P.C. El número de piezas dentales es
irregular y su situación anormal. Las alteraciones de los movimientos
propios de la alimentación a nivel de la boca son un factor que favorece
esa situación.
El babeo continuo
y la consecuente irritación de la piel son otro problema que se da con
cierta frecuencia. El escaso control de los músculos implicados a ese
nivel y la falta de capacidad cognitiva o motivación, pueden originar
tal circunstancia.
Vemos pues que son numerosas
las complicaciones que pueden surgir como consecuencia de las alteraciones propias
de la P.C. Situaciones que pueden o no ocurrir, dependiendo de la gravedad de
cada lesión y en gran medida, de la atención que cada persona
reciba.
16. La P.C. tiene tratamiento
Hemos hablado hasta aquí
de numerosas alteraciones propias de las personas con P.C. que condicionan el
desarrollo de sus capacidades y que, lógicamente, suponen el establecimiento
de necesidades especiales.
Así, prácticamente desde el mismo
instante del diagnóstico y durante toda la vida, se hace fundamental
un tratamiento rehabilitador que de respuesta a esas necesidades especiales.
Lógicamente, el tratamiento de la P.C.
no tendrá como objetivo “curar” una lesión que ya
dijimos que era irreversible, sino que se plantea para procurar el máximo
desarrollo de las capacidades de cada persona, para alcanzar el máximo
grado de autonomía personal y así, la máxima CALIDAD DE
VIDA.
Aunque este no es el momento de abordar la descripción
de todas las acciones propias de la atención a estas personas, sí
cabe decir que, lo habitual en los Centros Específicos para la atención
de este colectivo, es plantear una intervención Multidisciplinar
atendiendo a un concepto integral de la persona. Contemplar todos lo
ámbitos de la vida como objetivos para un Equipo en el que suelen coexistir
profesionales de distintas disciplinas como la Psicología, la Terapia
Ocupacional, la Logopedia, la Fisioterapia, el Trabajo Social, la Estimulación
Multisensorial y Magisterio en la etapa escolar, junto a los Equipos de Educadoras
y Educadores o Cuidadores y Cuidadoras.
Para el control y seguimiento de ese tratamiento,
se hace también necesaria la atención desde otras disciplinas,
propias del sistema sanitario. Hablamos de Pediatría cuando la edad lo
requiere, Neurología, Traumatología, Rehabilitación o Personal
Técnico en Ortopedia.
La acción conjunta de todas estas figuras,
así como la colaboración de la familia y el entorno más
cercano, se hacen necesarias para atender las necesidades de estas personas
en las distintas etapas de sus vidas y para tratar de alcanzar la máxima
autonomía personal a través del desarrollo de sus capacidades.
LAS PERSONAS CON P.C.
17. Las capacidades de las personas
con P.C.
Las alteraciones propias de la
P.C. nos van a llevar a hablar de capacidades y habilidades distintas
a las que desarrollan la mayoría de personas y que además, se
adquieren por procesos también distintos a los habituales. Hemos de tener
en cuenta que el cerebro afronta el desarrollo con un déficit.
Hasta ahora hemos tratado de describir, para procurar que se comprenda, la realidad
que las alteraciones propias de la P.C. determinan para las personas que la
padecen. Es importante que sepamos interpretar lo que vemos, partir de esa realidad
y la aceptación de la misma, para poder seguidamente, trabajar conjuntamente
por el desarrollo máximo de sus CAPACIDADES.
Hemos de tener en cuenta que no hablaremos únicamente
de capacidades con un carácter autónomo, sino que también
contemplaremos aquellas habilidades que necesitan de ayuda o asistencia
para convertirse en verdaderas capacidades. La situación motriz
de algunas personas es tan grave que supone que no puedan llevar a cabo la mayoría
de las A.V.D. de forma autónoma, sin embargo, estas personas son capaces
de conseguir muchas cosas gracias a las ayudas técnicas
y la asistencia de otras personas.
Esta realidad, nos lleva a plantear en muchos
momentos el abordaje de las actividades de manera conjunta, desde un
equipo en el que ambas partes son esenciales. La habilidad de las personas
que trabajan o asisten a aquellas que presentan P.C. consiste en saber provocar
y respetar al máximo las potencialidades de cada persona, ofreciendo
únicamente la ayuda imprescindible y complementaria para lograr, finalmente,
“que las cosas sean posibles”.
También es necesario reflexionar sobre la importancia que el contexto
tiene en el desarrollo de las capacidades de cualquier persona. Muchas veces
es el entorno el que impide que ciertas potencialidades se conviertan en verdaderas
capacidades. Hay personas capaces de desplazarse autónomamente en su
silla de ruedas pero que ven como las ciudades se hacen inaccesibles, invadidas
por vehículos en las aceras y con una enorme falta de previsión
ante este tipo de situaciones especiales.
Veamos pues, cuales son algunas de esas capacidades
que desarrollan las personas con P.C. y que no van a depender únicamente
de las alteraciones que presentan como consecuencia de su lesión, sino
que se verán condicionadas por la atención, el
tratamiento y las ayudas recibidas, así
como por las condiciones que ofrezca el entorno.
18. Capaces de moverse
Ya dijimos que las personas con P.C., siempre y por definición,
presentan alteraciones del movimiento que pueden ser muy diversas y de muy distinto
grado. Esto va a suponer que los patrones de movimiento no sean normales y que
muchas veces aparezcan movimientos involuntarios que distorsionan y dificultan
la realización de cualquier actividad. La calidad de los movimientos,
su coordinación y la velocidad de respuesta, pueden estar seriamente
comprometidas. El grado de autonomía que estos movimientos pueden llegar
a proporcionar a la persona, es realmente variable.
Así, uno de los ejes fundamentales del
tratamiento rehabilitador de la P.C. es, obtener el máximo desarrollo
de esa capacidad para moverse, procurar los estímulos,
ejercicios y ensayos, para provocar y establecer patrones de movimiento cada
vez más complejos. Las personas con P.C. pueden, en muchas ocasiones,
llegar a conseguir la ejecución de ciertos hitos motores, aunque lo hagan
con retraso respecto a lo que entendemos por desarrollo normal. Aunque su evolución
motriz se vea alterada, conservan en mayor o menor medida, cierta plasticidad
en un cerebro susceptible de aprender, de madurar y responder
así al tratamiento.
En muchas ocasiones, ocurre que desarrollan patrones
de movimiento anormales, típicos y consecuentes a sus alteraciones. Además,
cuando hablamos de personas adultas, hemos de tener en cuenta que el cerebro
tiene mucha menor plasticidad y así, capacidad para evolucionar hacia
la consecución de nuevos hitos motores y nuevos patrones de movimiento.
Entonces, el trabajo tiene como objetivo conseguir que los logros motores
ya establecidos puedan ser aprovechados de una manera funcional. Se
establecen procesos de compensación, adaptación y aprendizaje,
que pueden convertir ciertos movimientos en actos motores con funcionalidad
y que nos llevan a hablar de personas capaces de realizar numerosas actividades.
La incorporación de determinadas Ayudas Técnicas puede suponer
también que ciertas potencialidades se conviertan en habilidades funcionales.
El objetivo final es obtener el máximo grado de autonomía y ofrecer
las máximas posibilidades de interacción con el entorno.
Las AYUDAS TÉCNICAS son útiles, instrumentos
o dispositivos especiales, creados para adecuar el entorno a las necesidades
especiales de cada persona. Su objetivo es facilitar o permitir a la persona
la ejecución de cualquier actividad, fundamentalmente las que conocemos
como Actividades de la Vida Diaria (A.V.D.), que de otra forma resultaría
imposible o muy difícil realizar. Muchas veces se convierten en el puente
entre la dependencia y la independencia.
Al hablar de Ayudas Técnicas debemos nombrar
y distinguir las prótesis y las ortesis. Prótesis
son aquellos dispositivos ortopédicos destinados a reemplazar una parte
ausente del cuerpo con un fin estético y/o funcional. No es habitual
encontrar personas con P.C. que necesiten este tipo de ayudas. Las ortesis,
de las que ya hablamos anteriormente, son aquellos dispositivos o aparatos ortopédicos
que se colocan íntimamente unidos al cuerpo, con el fin de prevenir complicaciones
o facilitar una determinada función. El uso de ortesis sí es muy
común entre las personas con P.C. Es muy frecuente, por ejemplo, el uso
de férulas, que son aquellos aparatos que se colocan
para mantener en una posición determinada una o varias partes del cuerpo.
De una u otra manera, las personas con P.C., tratan de superar
las dificultades consecuentes a su lesión y llevan a cabo su particular
proceso de desarrollo motor.
Quizás del primer logro motor del que debemos
hablar es el que permite mantener y dirigir la cabeza a los distintos centros
de interés. Es fundamental adquirir un grado de control cefálico
que les permita dirigir la mirada, seleccionar los estímulos y en definitiva,
relacionarse en su entorno.
Sin duda, un parámetro esencial para valorar
el grado de autonomía de cualquier persona con P.C. es su capacidad
para desplazarse.
Hay quienes son capaces de desplazarse con independencia de la silla de ruedas;
personas que caminan, de manera autónoma o asistidos por un andador o
bastones, con un patrón de marcha que no está normalizado, pero
que les permite ir de un lugar a otro. A veces incluso pueden llegar a subir
y bajar escaleras y rampas o correr y dar saltos con cierta destreza.
Hay quienes marchan, pero con un patrón tan complejo y costoso que hacen
un uso circunstancial del mismo y necesitan de la silla para la mayoría
de sus desplazamientos.
En la silla hay muchas personas que se mueven con autonomía. Puede ser
autopropulsándose con sus brazos o incluso con las piernas. Hay casos
en los que con el impulso de un solo pie se desplazan, despacio pero de manera
autónoma, a cualquier lugar.
También hay sillas, que llamamos eléctricas y llevan incorporadas
unas baterías recargables, que se controlan con un joystick o mando,
o un sistema de barrido, accionado con la mano, el mentón, la frente
o cualquier parte del cuerpo que conserve un buen control voluntario del movimiento.
Las personas con graves alteraciones del movimiento dependen de otros u otras
para el desplazamiento, necesitan asistencia, que alguien empuje su silla para
lograr finalmente desplazarse allá donde, muchas veces, son capaces de
manifestar y elegir.
A otro nivel hay que decir que, aunque la marcha es un logro motor importante
y accesible solo para una minoría, sí hay un buen número
de personas con P.C. que disfrutan de otras modalidades de desplazamiento en
suelo. Son capaces de voltear, arrastrarse, gatear y participar así de
muchas actividades y propuestas. Sin duda, el desplazamiento autónomo,
sea cual fuere su modalidad, se convierte habitualmente en un importante objetivo
de trabajo.
La manipulación es también
una función compleja e importante entre aquellas que determinan la autonomía
y el desarrollo personal. Otra vez insistimos en los distintos grados de evolución
que se pueden llegar a alcanzar. Hay personas capaces de una buena manipulación
fina, de usar el lápiz y llegar a escribir, aunque sin duda, son una
minoría. Sí hay un buen número de ellos y ellas capaces
de coger y sostener un lápiz o un pincel y usarlo, aunque sea de una
manera muy particular, con un patrón anormal y con una destreza limitada.
Aunque tareas como dibujar pueden resultar de difícil ejecución,
con la ayuda de plantillas es fácil lograr, por ejemplo, que pinten siluetas,
formas o letras.
En ocasiones la capacidad para señalar, con mayor o menor calidad y de
la manera que sea posible, se convierte en un movimiento de gran valor funcional,
especialmente en el uso de Sistemas Alternativos y Aumentativos de Comunicación.
También hay quienes presentan graves alteraciones del movimiento a este
nivel y no conservan movilidad voluntaria en la mano. Es frecuente que muestren
un patrón con la mano en flexo, siempre cerrada. Pero eso puede ser aprovechado
para colocarles útiles de trabajo que, de esa forma, se mantienen en
la mano. Sus capacidades a este nivel pasan, consecuentemente, por que otra
persona permita y dirija sus movimientos, modelando la ejecución de la
tarea.
También ocurre que personas con capacidad motriz para alcanzar cierto
grado de manipulación, muestran graves alteraciones a nivel cognitivo,
rechazan esta posibilidad y apenas mantienen los objetos en la mano, lanzándolos
o dejándolos caer.
El desarrollo de la manipulación condicionará el grado de autonomía
alcanzado en A.V.D. como la alimentación, el aseo o el vestido.
Existen numerosas adaptaciones y ayudas técnicas pensadas, por ejemplo,
para mejorar esa autonomía en la alimentación. Hay vasos con asideros
especiales o formas adaptadas. Son habituales los cubiertos con el mango engrosado
para facilitar su prensión o formas adaptadas al patrón de movimiento
de cada persona. El uso del cuchillo es complejo y también el de la cuchara,
que requiere cierta destreza en su uso. Existen manteles antideslizantes y platos
con paredes perpendiculares para facilitar la recogida del alimento con la cuchara.
El tenedor es el que permite un uso más frecuente; en ocasiones lo pueden
usar de manera totalmente autónoma, pero también es usual que
aunque no puedan pinchar la comida, sí puedan llevarla a la boca de manera
autónoma una vez que se les ofrece el tenedor cargado.
En el aseo o el vestido las adaptaciones son menos frecuentes y sí es
muy habitual el aprovechamiento de las potencialidades que cada persona muestra
para que vayan aprendiendo a realizar pequeñas tareas. Es muy complicado
llegar a quitarse o colocarse una chaqueta de manera autónoma, pero muchos
de ellos y ellas, sí son capaces, por ejemplo, de acabar de sacar la
última manga y colaborar así en parte del proceso.
Algunas personas sin capacidad para el movimiento
controlado de sus manos, aprenden a hacer un uso funcional de sus pies,
si es que su grado de afectación es menor a ese nivel. Colocando adecuadamente
en el pie un pincel o una baqueta, pueden llegar a pintar o tocar un tambor;
pueden rasgar una guitarra o señalar, abrir una puerta o, como ya dijimos,
propulsar y dirigir su silla de ruedas.
Ciertamente, cualquier movimiento voluntario
y controlado puede convertirse en un importante recurso funcional,
convertirse en la llave del acceso al ordenador, la clave para establecer la
comunicación o en definitiva, la posibilidad de llevar a cabo cualquier
acción.
19. Personas inteligentes
Ya hablamos anteriormente de
las distintas situaciones que se pueden provocar como consecuencia de la P.C.
en lo que se refiere a su inteligencia.
Hay personas con P.C. que no tienen alterada
su capacidad intelectual, independientemente de cual sea su lesión
a nivel motriz. Hay casos en los que las funciones cerebromotrices están
seriamente comprometidas, personas con grados severos de espasticidad, sin apenas
capacidad de movimiento voluntario y que, sin embargo, no tienen lesión
ni alteración alguna en lo referente a su capacidad intelectual. Lógicamente,
las experiencias y vivencias de estas personas no son las mismas que aquellas
que no tienen lesión alguna y ello determina o condiciona, no el potencial
pero sí el desarrollo intelectual de esa persona. Pero este, no es más
que un condicionamiento “ambiental” que no resulta significativo.
Hablamos de personas capaces de cualquier razonamiento,
capaces de juzgar, opinar, reivindicar, dudar, decidir y elegir; personas con
un pensamiento creativo y recursos para afrontar las situaciones de cada día.
Sin duda, la capacidad intelectual conservada
es un factor esencial para procurar el máximo grado de desarrollo
en otros ámbitos. La motivación y la colaboración son esenciales
a la hora de trabajar por el desarrollo de cualquier capacidad. Cuando esta
situación de conservación de la capacidad intelectual, se asocia
a una lesión motriz susceptible de tratamiento y evolución favorable,
nos permite hablar de niños y niñas con un alto grado de autonomía
y desarrollo personal. Personas capaces de acceder primero al Currículum
de educación y después al mundo laboral.
Sin embargo, esta situación se da en un
escaso porcentaje, encontrándonos habitualmente con personas que desarrollan
su capacidad intelectual fuera de la norma. Así, dentro de la total disparidad
en cuanto a los grados de desarrollo cognitivo que se pueden observar,
hemos de nombrar ciertos rasgos o elementos comunes. Decir que su desarrollo
suele ser muy heterogéneo, mucho más evolucionado en unas áreas
que en otras. Sus aprendizajes suelen estar referidos a su entorno más
inmediato. Así, es fácil encontrar personas con una inteligencia
social con un buen desarrollo y que presentan un severo déficit a nivel
conceptual... Son personas con muchas dificultades para el manejo de conceptos
básicos pero que sin embargo son capaces de establecer buenas relaciones
sociales, reconociendo personas y situaciones y siendo partícipes de
las mismas.
Ya hemos hablado de la alteración de la
capacidad de aprendizaje de estas personas. En consecuencia, es común
el abordaje de la adquisición de muchas habilidades a través de
la repetición y ensayo sistemático de las mismas y además,
en el marco y las condiciones reales que permitan su aprendizaje y uso funcional.
Aquellas personas gravemente afectadas que dependen
de otras personas para la ejecución de cualquier actividad propia de
la vida diaria y que presentan una severa alteración de su desarrollo
intelectual, también son capaces de aprender. Además de los cuidados
básicos de higiene y salud que se puedan hacer necesarios, estas personas
tienen derecho a la educación y a la escuela. Simplemente,
los aprendizajes y la metodología de trabajo, deberán estar adecuados
a las potencialidades y características particulares de cada caso. Hablaremos
de inteligencia conceptual pero también social y práctica, de
la capacidad para manejarse en el entorno e influir en él.
La gran mayoría de personas con P.C. son
capaces de comprender las situaciones que viven, reconocer aquello que les agrada
o aquello que les disgusta y capaces de establecer sus propias estrategias para
conseguir sus objetivos.
Como ya dijimos anteriormente, el desarrollo de
la capacidad intelectual guarda una estrecha relación con la capacidad
que se desarrolla para establecer comunicación, algo esencial y determinante
en la vida de toda persona.
20. Capaces de establecer comunicación
Ya hablamos de las posibles alteraciones
al respecto de la capacidad, tanto de expresión como de comprensión,
de las personas con P.C. En cualquier caso, esta situación no impide
el despliegue de ciertas capacidades que permitirán el establecimiento
del mejor grado de comunicación posible. Todas las personas con P.C.
son capaces de comunicarse en la manera en que sus circunstancias particulares
se lo permitan.
Hay personas con P.C. capaces de establecer
comunicación verbal. Esta comunicación casi siempre presenta
irregularidades que, como dijimos, pueden ser de muy distinto grado y que dependen
de la lesión específica de cada persona. Es muy frecuente lo que
podríamos describir como el establecimiento de jergas particulares. Las
dificultades en la pronunciación hacen que la persona haga un particular
uso del lenguaje, que con el tiempo y el aprendizaje de quienes hacen de interlocutores
o interlocutoras, se establece de manera funcional.
Cuando la comunicación verbal es posible,
sea cual fuere su grado de desarrollo, suele convertirse en la opción
preferente para la comunicación y su desarrollo y potenciación
se convierten en un objetivo fundamental. Pero también hay casos en los
que no existe la posibilidad de la comunicación verbal o que ésta
se muestra insuficiente. Es entonces cuando se buscan y utilizan otros
Sistemas Alternativos y Aumentativos de Comunicación (S.A.A.C.).
Lógicamente y como ya hemos dicho en diversas
ocasiones, el grado o la calidad de la comunicación, así como
el S.A.A.C. elegido en cada ocasión, van a depender en gran medida, de
la capacidad intelectual de la persona.
Así, cuando el grado de comprensión es bueno y existe un buen
desarrollo intelectual, las posibilidades de alcanzar un buen nivel de comunicación
son “todas”. El trabajo consiste en procurar el desarrollo en el
uso de un S.A.A.C. que les permita expresarse en cualquier contexto.
Hay modalidades de comunicación muy intuitivas
y básicas. Los gestos, la expresión facial o la mirada, pueden
convertirse en herramientas esenciales para la comunicación. Hay personas
con serias dificultades para el movimiento y sin capacidad para la emisión
oral, que establecen su comunicación a partir del planteamiento de preguntas
cerradas por parte del interlocutor. Solo necesitan para ello, poder
comunicar un “si” o un “no” con claridad. A veces son
capaces de mover la cabeza para responder; otras, asocian un determinado movimiento
voluntario al “si” y otro, o la ausencia del anterior, al “no”.
Por ejemplo, personas que para decir “si” dirigen la mirada hacia
arriba y para decir “no”, evitan esa confirmación.
De este modo, la comunicación se parece
a una especie de “juego de adivinanzas” en el que el interlocutor
va haciendo preguntas que solo pueden ser respondidas con un “si”
o un “no”. En estos casos no podríamos formular una pregunta
como: “¿De qué quieres hablar?”. La comunicación
sería a través de preguntas cerradas como: “¿Quieres
hablar de algo personal? ¿del trabajo? ¿de algo que te ha ocurrido?”…
y así sucesivamente hasta obtener un “si” como respuesta.
Como es de suponer, este tipo de comunicación se reafirma y optimiza
enormemente con el tiempo. Conocer las preferencias, gustos,
inquietudes o dificultades de cada persona, permite al interlocutor intuir,
prever y por tanto, llegar a establecer un grado de comunicación cada
vez mejor y más fluido.
Además, estas personas suelen desarrollar
estrategias para agilizar esta modalidad de comunicación; determinados
gestos, miradas y otras pistas, guían la conversación, haciéndoles
capaces de transmitir cualquier cosa, con una precisión
que en ocasiones resulta asombrosa. Solo es necesario invertir el tiempo necesario
para lograrlo.
Hay personas que optan por la utilización
de un tablero de comunicación. Los hay de diversos tipos
y formatos. Son carpetas que llevan siempre consigo y que, de uno u otro modo,
les permiten comunicarse.
Las personas con capacidad para leer y
escribir pueden hacer uso de tableros en formato “silabero”.
Una carpeta que contiene sílabas, letras y números, que permiten
a la persona construir sus mensajes señalando las casillas correspondientes.
Algunas de estas personas pueden optar por el uso de un Comunicador.
Es una Ayuda Técnica, un aparato que permite a la persona escribir sus
mensajes a través de un teclado similar al de una máquina de escribir,
y que ofrece después ese mensaje, por escrito o incluso a través
de una voz pregrabada que reproduce oralmente lo escrito.
En otras ocasiones, los tableros elegidos para
la comunicación están basados en la utilización de algún
S.A.A.C. como los conocidos Bliss o SPC. La
carpeta contiene un número determinado de iconos, dibujitos que se asocian
a conceptos y expresiones, normalmente ordenados por categorías. Cada
persona tiene personalizada su carpeta, que albergará aquellos contenidos
específicos que requieran sus inquietudes, necesidades y preferencias
particulares. Señalando estos iconos, construyen los mensajes y se establece
la comunicación.
En el uso de cualquier modalidad de tablero de
comunicación es esencial el desarrollo de aquellas habilidades que les
hagan capaces de señalar en cada momento el lugar deseado.
A veces no hay mayor dificultad y las capacidades
motrices permiten a la persona señalar con su dedo, su mano o su mirada,
el lugar adecuado en su carpeta de comunicación. Cuando el control del
movimiento queda restringido a la cabeza, se puede hacer uso de un licornio,
una Ayuda Técnica que, a modo de casco, se coloca en la cabeza y que
lleva una especie de puntero con el que la persona es capaz de señalar.
Si es difícil lograr que una persona llegue
a señalar con precisión, la elección de cada casilla o
icono puede realizarse a través de un barrido que normalmente
dirige el interlocutor. Por filas o columnas o de la manera más funcional
posible, el interlocutor va haciendo un barrido de cada símbolo hasta
que la persona advierte, con cualquier gesto o movimiento, de cual es aquel
que en cada ocasión desea señalar.
Este sistema de elección o señalización,
se convierte en muchas ocasiones en la clave para permitir el acceso
y el trabajo en el ordenador de aquellas personas con graves alteraciones
del movimiento y sin posibilidad de manejar un teclado. Se trata de buscar el
movimiento que cada persona es capaz de llevar a cabo con mayor control y coordinación.
Después se trabaja para convertir ese movimiento en una señal
que el ordenador pueda detectar y a partir de ahí, con el software adecuado,
se pueden llevar a cabo numerosas tareas y desarrollar muchas capacidades.
Es necesario aclarar que la utilización
de todos estos S.A.A.C., así como el manejo del ordenador, requieren
un importante desarrollo de la capacidad intelectual de la persona. Además,
actualmente, la adquisición y puesta en marcha de las adaptaciones y
los equipos informáticos necesarios, suele convertirse en un largo y
arduo camino lleno de dificultades.
También la Lengua de Signos
es utilizada con cierta frecuencia. El aprendizaje de diversos signos ayuda
a mejorar la comunicación de determinadas personas. Si las capacidades
motrices no permiten realizar los signos con la precisión que marca la
Lengua de Signos Española, pues con cada persona se adaptan los signos
a sus posibilidades motrices. Lógicamente, el uso de estos signos, supone
que el conocimiento y aprendizaje de los mismos, no atañe únicamente
a la persona que los utiliza, sino también a la que trata de comprender.
La Lengua de Signos no suele ser utilizada como único sistema de comunicación
en ningún caso, pero sí es frecuentemente usada como complemento,
apoyo y en definitiva, Sistema Aumentativo de Comunicación.
Cuando la capacidad intelectual de la persona
se ve seriamente alterada, su capacidad para la comunicación está
determinantemente condicionada por tal circunstancia. En estos casos, la capacidad
de percepción, atención e incluso interpretación del interlocutor,
es fundamental. Las personas gravemente afectadas son capaces de comunicarse,
de transmitir numerosas demandas, situaciones, estados, sensaciones y sentimientos.
Muchas veces hablamos de una comunicación no intencionada, es decir,
que no parte de la voluntad por transmitir algo en concreto, sino que es una
comunicación inherente a la persona en cada momento.
Los gestos, las miradas, la expresión, la agitación, la tranquilidad,
el tono muscular, el ritmo respiratorio o el color de la piel, son algunos ejemplos
de datos que ofrecen información y permiten, por lo tanto, establecer
comunicación.
Son muchas las modalidades y muy distintos los
grados de comunicación que establece cada persona pero, por esto mismo,
podemos afirmar que todas las personas son capaces de comunicarse.
21. Capaces de percibir
Aunque las respuestas motoras
se puedan ver limitadas y aunque la comunicación sea dificultosa y nos
cueste entender desde afuera, en qué medida o manera trabaja su percepción,
hemos de tener en cuenta que, siempre, las personas
con P.C. son personas capaces de percibir.
Es esencial tener esto presente porque, indudablemente, su capacidad para percibir
está condicionada por los estímulos que el entorno les ofrece
y que, en gran medida, dependen de las personas que convivimos y compartimos
ese contexto.
Puede ser que su percepción no sea la habitual
ante determinados estímulos. A veces se pueden observar umbrales de percepción
ante el dolor o el calor, que escapan a la norma. Sabemos que hay a quienes
les resulta difícil llegar a integrar las distintas percepciones y ocasiones
en las que la percepción no conduce a la elaboración de una respuesta;
sin embargo, no podemos obviar que existe esa percepción.
Cuando hablamos de personas con buena capacidad de respuesta, es fácil
observar la influencia que el entorno ejerce sobre ellas. Por lo general, las
personas con P.C. tienen poca capacidad para modificar el ambiente o, al menos,
para mostrar iniciativa a este nivel. Es más común que participen
de las situaciones sumándose a las propuestas que se realizan, aunque
indudablemente, también influyen, condicionan y hacen numerosas aportaciones
a ese entorno.
Si hablamos de personas con P.C. gravemente afectadas,
con importantes alteraciones del movimiento, el desarrollo intelectual y la
comunicación, puede parecer más difícil observar la influencia
del entorno en su estado. Sus respuestas suelen ser más sutiles. Sin
embargo, también es evidente que el ambiente influye directamente en
su conducta, que los estímulos provocan y condicionan sus respuestas
y en definitiva, que son personas que perciben. Personas especialmente capaces
de percibir el contacto, la cercanía y el cariño. Capaces así
mismo, de percibir la hostilidad, la seriedad o el enfado, de disfrutar de la
alegría y de cualquier situación social de la que participen.
Todo esto, unido como ya dijimos, a que las personas con P.C. suelen ver limitadas
sus experiencias y sus estímulos por las dificultades que encuentran
para el movimiento y por lo tanto, para acceder al mundo, hace que debamos tener
siempre presente la necesidad de proporcionar un entorno adecuado y que ofrezca
los estímulos oportunos.
Las personas que presentan alteraciones de la audición, en distintos
grados de hipoacusia, suelen desarrollar habilidades que compensan dicho déficit.
Quizás la preocupación fundamental es la repercusión que
ese déficit puede significar en la comunicación. Cuando esto ocurre
los S.A.A.C. suelen ir orientados a paliar esta situación.
22. Capaces de desarrollar y expresar su sexualidad
Quizás, la capacidad
que las personas con P.C. tienen para desarrollar y expresar su sexualidad,
sea la faceta más olvidada u obviada de cuantas permiten entender a la
persona de una manera integral.
Podemos atrevernos a afirmar que, actualmente
existe un escaso compromiso con la Educación Sexual o,
al menos, muchas trabas y dificultades que impiden una actuación directa
y amplia en este sentido. Las intervenciones que existen al respecto, suelen
estar provocadas por situaciones emergentes y ante necesidades que no pueden
ser obviadas de ninguna manera.
Diversos factores son los que hacen que esto ocurra
con demasiada frecuencia. Quizás, en primer lugar deberíamos denunciar
la escasa atención específica que a este nivel
existe por parte de la Administración o las Instituciones. En otros Países
de Europa el derecho a la Sexualidad es entendido y atendido junto a otros derechos
o necesidades como pueden ser los de carácter sanitario. En España,
por el momento, son pocas las actuaciones establecidas y dirigidas especialmente
al cuidado de la Educación Sexual de las personas con discapacidad.
En segundo lugar, deberíamos nombrar la
actitud del entorno, especialmente el familiar, ante esta realidad.
Habitualmente, existe incluso una clara negación de la posibilidad de
desarrollo sexual de las personas con discapacidad. Todavía, todo aquello
que tiene que ver con “el sexo” suele arrastrar connotaciones que
parecen hacer incompatible su existencia en el marco de la discapacidad.
Por otro lado, la falta de conocimientos
y recursos de los profesionales que atienden diariamente a estas personas,
puede ser otra de las causas de esta situación esquiva ante la Educación
Sexual. La formación al respecto es escasa y en muchas ocasiones, faltan
recursos para poder llevar a cabo una intervención coherente ante determinadas
situaciones. Igualmente e incluso en mayor medida, esta escasa preparación
ocurre también en el ambiente familiar y viene a agravar la situación
antes descrita.
Seguramente, estas dificultades y esta realidad
surgen y se refuerzan desde el momento en que la Sexualidad y la Erótica,
son entendidas desde una perspectiva basada y circunscrita a la genitalidad,
la masturbación, el coito o el orgasmo…
De esta forma, el trabajo o el camino hacia una
mejor situación en lo referente a la Educación Sexual, debería
comenzar por una profunda reflexión personal sobre cuestiones
básicas y esenciales al respecto.
Deberíamos de cuestionar muchos esquemas,
modelos o ideas que, frecuentemente se manejan y ofrecen sobre este tema.
Tendemos a pensar que la “buena sexualidad”
es la que se parece a la que a nosotros o nosotras nos satisface. Es muy habitual
la existencia de una percepción jerárquica de la sexualidad
en la que el coito y el orgasmo ocupan un lugar preferente. No es extraño
observar situaciones en las que se elude y obvia trabajar la sexualidad con
determinadas personas con P.C. justificando la medida tras el supuesto peligro
existente de generar “falsas expectativas”. Aunque indudablemente
esta puede ser una opción comprensible en determinados casos, es necesario
al menos, cuestionarse ciertas cosas. Que una persona presente imposibilidad
o graves dificultades para alcanzar el orgasmo, no quiere decir que no sea capaz
de desarrollar y expresar su sexualidad, entendida de una manera amplia y plural.
Lógicamente, las expectativas de esa persona no deberían estar
dirigidas precisamente a ese orgasmo que habitualmente decidimos entender como
la cima de esa pirámide jerárquica en la que convertimos la sexualidad.
Es necesario pues, hacer un esfuerzo por entender
las sexualidades en un sentido amplio, sin jerarquías, sin imposiciones,
ni normas. Seguramente, existen tantas sexualidades como personas en
el mundo. La sexualidad es la manera propia en la qu e cada cual se
ve, se siente y se vive como ser sexuado, como hombre o como mujer. Y no deberíamos
hablar de lo que es normal o lo que no lo es. Cada cual debe conocer
y aceptar su sexualidad, tal y como es y siempre desde la normalidad.
Y a partir de ahí, cada persona debe de
poder expresar esa sexualidad en la manera que desee, tratando
de evitar obediencias e imposiciones y cultivando sus deseos y sus gestos.
Los objetivos de la Educación Sexual son
procurar el conocimiento de uno o una misma, la aceptación
y el permitir la expresión de la sexualidad con el objetivo
final de alcanzar la felicidad.
Cada persona desarrolla su sexualidad desde incluso
antes del nacimiento y durante toda su vida, aunque lógicamente, esa
sexualidad se vive y expresa de manera distinta en las distintas etapas de la
vida y dependiendo de otro buen número de factores circunstanciales,
entre los que puede figurar la discapacidad.
Cada persona debe ser la protagonista de su vida
sexual, que debe valorar y cultivar como irrepetible que es.
Si en la atención integral de la persona
contemplamos el desarrollo motor, el desarrollo cognitivo o el de la comunicación,
al margen de las capacidades que cada persona pueda mostrar al respecto de cada
área, ¿por qué no contemplar la Educación Sexual
como un área más de trabajo?.
Al igual que los objetivos motores, cognitivos
o de la comunicación son particulares y personales en cada caso, igualmente
el desarrollo de la sexualidad debería ser trabajado en base a las necesidades
y capacidades de cada persona en cada momento de su vida.
Lo que no sirve es seguir obviando una clara realidad,
que todas las personas son capaces de llevar a cabo su propio proceso
de desarrollo sexual.
En cualquier caso y una vez más, hemos
de hacer una aclaración al respecto de las afirmaciones al respecto de
la situación actual de la Educación Sexual de las personas con
discapacidad. Aunque creemos que sí reflejan una realidad que ocurre
con mucha frecuencia, también es cierto que en muchos otros casos
la realidad es bien distinta. Hay muchas personas con discapacidad
y familiares de éstas que afrontan, manejan y luchan para permitir ese
óptimo desarrollo de la sexualidad. También, evidentemente, existen
muchos y muchas profesionales con formación, con capacidad y que intervienen
en este ámbito.
Y sin duda, el compromiso en el trabajo diario
y las particulares luchas que se establecen al respecto, permitirán un
futuro distinto que atienda, respete y procure el desarrollo y la expresión
de la sexualidad que cada persona es capaz de alcanzar.
23. Personas capaces
Resulta interesante tratar de
describir la realidad de las personas con P.C. a través de la muestra
de aquellos logros que son capaces de conseguir. Es real que, en gran medida,
cada persona es o representa aquello que provoca y suscita en las personas de
su entorno. Así, resulta fundamental conseguir que pueda existir un conocimiento
de la realidad de estas personas en términos de capacidad.
Que la percepción que de ellos y ellas exista no esté marcada
por el “déficit” y se contemple en nuestro marco social,
un lugar habitable para las diferencias.
Sin duda, el entorno que proporciona la P.C. invita
a la reflexión y obliga a entender y percibir la realidad de otra manera,
suscitando por ejemplo, la necesidad de modificar la escala de valores
habitual.
Ciertos valores que magnifican la importancia de lo puramente estético
ocupan aquí un lugar distinto. Es necesario entender que esos valores
estéticos son, en gran medida, arbitrarios, circunstanciales y susceptibles
de cambio.
Cada proyecto de vida puede girar en torno a necesidades y objetivos muy diferentes.
Debemos aprender a valorar el esfuerzo que estas personas hacen para superar
sus dificultades, sin caer en la sobrevaloración desmedida que sucede
a un sentimiento de compasión.
Se puede entender que, desde la ignorancia, haya personas que sientan lástima
o pena ante la realidad de las personas con P.C. Es comprensible que sigan existiendo
las miradas de perplejidad o curiosidad ante realidades y situaciones que, para
mucha gente, resultan desconocidas. Sin embargo, tales circunstancias no pueden
formar parte nunca de la relación personal que con ellas se establece.
Las personas con P.C. suelen mostrar rechazo ante estas situaciones.
Se trata simplemente de establecer una
relación personal totalmente normalizada, a partir de una realidad
que, como decíamos, existe y debemos asumir, sin tratar de obviar o esconder
en ningún caso. Susurrar la P.C. no disminuye en absoluto las alteraciones
que provoca; conocer, asumir, manejar y afrontar la realidad es, sin embargo,
necesario para poder ofrecer recursos o soluciones y llevar a cabo un trabajo
conjunto para el desarrollo de las capacidades de cada persona.
Ya hemos visto que son personas capaces de moverse,
personas inteligentes y capaces de establecer comunicación, de sentir
y percibir. La suma de todas esas habilidades permitirá
pues, la consecución de grandes logros y, en definitiva, de un óptimo
desarrollo personal, sin olvidar la importancia del entorno
en este proceso. Ya hemos hablado de que las circunstancias sociales
van a condicionar enormemente el grado de autonomía y desarrollo de estas
personas. Las infraestructuras, la accesibilidad, los recursos o la previsión
ante las particulares circunstancias de cada persona, serán factores
determinantes en este sentido.
Así, quizás, uno de los grandes
objetivos y retos de la APCA sea el proporcionar un entorno adecuado, las condiciones,
ayudas y recursos necesarios para permitir ese máximo grado de
autonomía y desarrollo personal.
Esto hace que podamos hablar de personas capaces
de muchas cosas, capaces de trabajar en equipo para conseguir
numerosos objetivos.
Capaces de entrevistar, debatir, opinar, compartir,
hacer fotografías, escribir y editar un periódico,
como es el periódico “La Tortuga” que desde la APCA se publica.
Capaces de bailar rock o hip
hop y de seducir a cualquier pareja bailando tango; capaces de tocar
numerosos instrumentos de percusión y de interpretar canciones
de dos acordes con la guitarra y el teclado, sustituyendo los acordes por colores
y valiéndose de distintas ayudas técnicas en cada caso. Capaces
de cantar, grabar un disco y disfrutar terriblemente compartiendo
la música.
Personas con capacidad para dibujar, pintar, arrugar
papel, sujetar, precintar, empapelar, encolar y en definitiva, construir
una “Hoguera” para celebrar la festividad de San Juan.
Capaces de jugar al escondite, al pañuelo,
al parchís, al dominó, a la guerra de barcos, a la diana, a las
sillas musicales o capaces de tirarse por un tobogán y columpiarse. Capaces
de jugar a cualquier cosa, con las adaptaciones oportunas y con el
objetivo fundamental de divertirse y compartir.
Las personas con P.C. pueden hacer deporte.
Algunas de ellas forman parte de algún equipo federado y participan en
Campeonatos de Boccia, Slalom, Jockey Adaptado y otros deportes. Son capaces
de nadar, bucear y flotar o capaces de hacer “Steep-ball a ocho tiempos”
y Aerobic Adaptado.
Regularmente van al supermercado, hacen la compra
y cuando hay tiempo, toman un refresco. Después participan de los distintos
procesos necesarios para elaborar montones de exquisitas recetas
de cocina.
Son personas capaces de participar en la grabación
de un trabajo en vídeo. Capaces de preparar los decorados, el atrezzo,
de maquillarse, o interpretar. Capaces de denunciar, reivindicar y opinar a
través del trabajo con los recursos audiovisuales; capaces de
editar un video clip musical o un cortometraje e incluso de ser premiados
en más de un Certamen de Cine y Vídeo.
Son capaces de elaborar numerosos productos
artesanales como pendientes, colgantes, agendas, portarretratos, llaveros,
distintos objetos de decoración, bolsas, cojines o almohadones personalizados…
Capaces de enamorarse y capaces
de enamorar… Capaces de recibir y sobre todo, ofrecer mucho cariño.
Personas que se emocionan y capaces de emocionar.
Lógicamente son personas con carácter,
capaces de provocar y disfrutar de todo tipo de relación. Pueden caer
bien y caer mal, ganarse el aprecio o el rechazo de cualquier persona y sin
duda, siempre son capaces de invitar a pensar de manera distinta.
Provocan la reflexión, el cuestionamiento de determinados valores y un
importante enriquecimiento, que suele ser mutuo cuando existe la convivencia.
Son capaces de demandar, de exigir y también
de agradecer, ofrecer y regalar. Capaces de solidarizarse. Capaces de creer,
de imaginar y de soñar. Capaces de llorar y capaces de reír.
Las personas con P.C. son capaces de elegir,
cuando se les ofrece la oportunidad.
Las personas con P.C. son personas tremendamente
originales y aunque este documento haya pretendido acercarse
a ellas y a su realidad, posiblemente, la única manera de conocerlas
realmente sea a través del contacto directo.
En realidad estamos hablando sencillamente de personas, a las que no habría
que poner más adjetivos ni condiciones en su definición más
esencial. Y ciertamente, conocer a cualquier persona pasa por compartir con
ella y descubrir todo aquello que, en cada relación, cada una de las
partes es capaz de ofrecer.
Valga como reflexión final la necesidad
de plantear una lucha común y el deseo de que, entre todos y todas, podamos
generar un contexto social en el que, realmente, exista una participación
activa y un compromiso para permitir que todas las
personas podamos disfrutar de las mismas oportunidades, salvando las
dificultades que la discapacidad supone y respetando también, otro tipo
de diferencias que igualmente merecen la misma atención.
Obviamos conscientemente, hablar de “tolerancia”, un término
utilizado habitualmente al respecto de las personas con discapacidad. Lo hacemos
porque hablar de tolerancia, presupondría entender que hay quienes tienen
la capacidad de juzgar o permitir. Quizás, hay cond |